Experiencia Raíz Hueyapan
- impulsoraraiz
- 7 dic 2021
- 4 Min. de lectura
En las últimas experiencias que se organizaron en Hueyapan para el año 2021, tres de las integrantes del EEM Raíz (Equipo Estratégico Multidisciplinario) tuvimos la oportunidad de viajar a la comunidad y así conocer finalmente ese lugar del que tanto habíamos escuchado los meses anteriores y a la artesana con la que habíamos estado trabajando a distancia y todos los procesos artesanales.
Cuando empezamos nuestro servicio social en Raíz Impulsora, todas estábamos emocionadas por la posibilidad de poder apoyar de alguna manera a esta cooperativa de mujeres artesanas, quienes desde un inicio nos habían dejado asombradas con su talento y conocimientos. Sin embargo, en un contexto de pandemia, todo parecía indicar que nuestro servicio estaría reservado a la virtualidad y es por eso que cuando surgió la posibilidad de ir a conocer la comunidad de Hueyapan hicimos todo lo posible por acudir.

Nos reunimos con Bety, la artesana líder de la cooperativa en esta comunidad, en la plaza principal de Hueyapan: una plaza que a principios de noviembre estaba llena de flores de cempasúchil y que tan solo un mes después sería la sede de la feria en honor al San Andrés, el santo patrón de la comunidad. Posterior a nuestro encuentro con Bety, ella nos presentó a Rosa, otra de las artesanas aliadas de la cooperativa y la encargada de la producción y cuidado del invernadero de grana cochinilla. Después de una pequeña caminata Rosa nos dio la bienvenida al invernadero y nos explicó todo el proceso de crianza de los pequeños insectos cuyo pigmento color rojo ha servido como tinte natural desde hace cientos de años. Rosa nos explicó que dependiendo de con qué se mezcle la grana cochinilla el pigmento puede adquirir distintos tonos: desde un rosa pálido hasta el rojo intenso por el que es mayormente conocido. Por otro lado, Rosa nos contó que cada vez hay menos gente que esté interesada en darle mantenimiento el invernadero de grana cochinilla, ya que es un proceso lento que da frutos varios meses después de que se cuelgan las primeras pencas de nopal para que ahí lleguen los insectos.


Después de la visita al invernadero llegamos a casa de Betty. Aquí pudimos conocer a toda su familia, platicar con ellas y probar el delicioso vino, jugo y mermelada de arándano que Alma, la sobrina de Bety, elabora junto con otras y otros artesanos de la comunidad . En compañía de su mamá y sus sobrinas, Bety nos enseñó cómo se elabora un tinte natural haciendo uso de las flores de cempasúchil y la grana cochinilla. Todas nos quedamos enamoradas de la manera tan bella y sencilla en la que se pueden preparar estos tintes, cuya preparación cada vez se pierde más y más en diversas comunidades indígenas del país debido a la llegada de los pigmentos sintéticos.

Mientras la tela de lana reposaba en la mezcla de flor de cempasúchil, Bety nos dio un recorrido por el huerto de su casa. Santiago, el esposo de Bety es el principal encargado del huerto en donde crecen una gran variedad de productos: frijol, calabaza, brócoli, lechuga, jitomate, etc; que después venden en el mercado de la plaza principal. En la parte trasera del huerto se encuentran todas las plantas medicinales: Bety nos explicó el uso que hace de cada una de ellas e incluso nos ofreció un té para abrir nuestro apetito antes de la comida.
Para la degustación, Bety y su familia prepararon un delicioso mole de distintas variedades acompañado de arroz con pollo, agua de guayaba y el delicioso vino de arándano para brindar y celebrar. Todas las que tuvimos la posibilidad de ir a la experiencia estamos inmensamente agradecidas de que Bety nos abriera las puertas de su casa y nos invitara a pasar con ella y su maravillosa familia un rato lleno de buena conversación, risas y el mejor mole que hemos probado.
Muy satisfechas con la comida pasamos a la última parada de la experiencia: el taller de bordado. Aquí pusimos a prueba nuestras habilidades y la mayoría de nosotras pudimos darnos cuenta de lo complejo que es bordar. Rosa, la encargada del taller, no pudo sentarse un solo momento por tener que auxiliarnos cada que dábamos una puntada incorrecta, lo cual sucedía muy seguido. Más allá del conocimiento que pudimos llevarnos sobre el bordado tradicional de Hueyapan, talleres como estos realmente nos permiten dimensionar el arte que hay detrás de las piezas como las que se elaboran en esta comunidad.

Antes de irnos tuvimos la oportunidad de comprar algunos de los productos de Bety y su familia. Poder terminar la experiencia de esta manera, después de presenciar todo el proceso que conlleva el crear una prenda, nos hizo realmente valorar el trabajo que hay detrás de cada una de las piezas que veíamos. En tan solo unas cuentas horas nos dimos cuenta de la importancia de rescatar practicas y de crear una conciencia alrededor del trabajo de las artesanas en México.
Al empezar nuestro servicio, nunca pensamos que podríamos tener la oportunidad de vivir una experiencia como la que tuvimos en Hueyapan. Más allá de lo que pudimos nosotras hacer por la cooperativa en estos seis meses de servicio social, el terminar nuestro trabajo con Raíz Impulsora viajando a Puebla nos llenó de alegría y gratitud hacia Bety, Rosa y sus familias por todo lo que nos compartieron y enseñaron en nuestras visitas a Hueyapan y esperamos que cada vez más gente vaya a visitarlas.
Recuerden que si están interesados en alguna de las experiencias que organiza la cooperativa Raíz Impulsora pueden inscribirse a través de instagram en @experiencia.raiz
¡Nos vemos pronto!






Gracias por tanto chicas, Raíz Impulsora siempre será su familia!